3 a .m.
A Hugo Bab Quintela
El
insomnio ganó
la
habitación entera
como una
bestia salvaje.
Revueltas
las sábanas,
mordía
mi cabeza
y
acaparaba mis ideas.
Vencido
el Zolpidem,
al fin
lo comprendí todo.
Me levanté.
Tomé mi libreta,
y escribí estas letras.
El viejo insomnio
ya estaba satisfecho,
…Y yo también.
Jorge.
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