jueves, 2 de abril de 2015

Requiem para el proxeneta




Réquiem para el proxeneta



Su lunar devino en hueco
por una trifulca entre rufianes.
Su cabeza sonó como una aldaba
al golpear las baldosas.
Sangraron sus oídos,
y yació en el pavimento gris
del tranquilo barrio de Floresta.

Nadie visitará su tumba;
y  su cuerpo es un amasijo
de huesos y pellejos,
bajo una lápida
de madera tosca.

Dejó una libreta escrita
con letra casi infantil.
Cien teléfonos de putas.
Hoy mujeres liberadas
del martirio protector
del rey de los cafishos

Ahora su cráneo exhibe
un agujero de nueve milímetros,
y su sexo mustio
se pudre con sus restos,
y un anillo de falsa gema.

el barrio respira hondo,
y allanan su casa
los niños curiosos.


                          Jorge.

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